Región Centro

Inflación y populismo, juntos son dinamita

Sección
Opinión
Fecha
20 de octubre de 2017

Rubén Denis *

Los altos índices de inflación se rehúsan a abandonarnos.

En septiembre alcanzó un registro de 1.9% y para lo que va del año ya llega al 17.6%, lo que nos pone en una trayectoria de 22 a 24% para este 2017. Guarismos todos muy por encima de los estimados por el Banco Central, quien todavía insiste con un objetivo del 8 al 10% para el próximo año. En curso descendente, eso también es cierto, la inflación del 2018 parece más destinada a un rango de 15 a 17%.

En Argentina, salvo periodos cortos, la inflación es y ha sido un fenómeno muy establecido por casi 80 años, desde 1950 aproximadamente. El fenómeno inflacionario se ha dado entrelazado casi siempre con el del populismo, y ha sido en las épocas del populismo más impetuoso cuando más hemos tenido que sufrir los peores embates de los aumentos de precios. Tanto el populismo como la inflación obligan a quienes los sufren a vivir exclusivamente el momento. El populismo sabe ocuparse de lo inmediato, la receta fácil para interiorizarse en el inconformismo de ese instante, ese que todos los días es uno distinto. La inflación, por su lado, obliga al ciudadano a preocuparse solo en cómo vivir el presente, sabedor de que el valor de su moneda se escurre entre los dedos según pasan las horas.

El fenómeno inflacionario volvió con todas sus fuerzas durante el kirchnerismo - tal vez en la versión más populista que hayamos vivido del peronismo- en un gobierno que se ocupó de impulsar una fiesta de consumo y gasto espurio de la mano de una masiva emisión monetaria. El kirchnerismo no nos endeudó, es verdad, pero bien que se ocupó de despertar al monstruo de la inflación, dormido por años, que permitió recrear un escenario de falsa prosperidad, con una invasión de electrodomésticos a tasas subsidiadas como su logro más significativo.

Hoy, el actual gobierno, todavía sin grandes logros para mostrar en materia de precios, sigue tratando de desactivar una bomba que como es de esperar hace blanco en los sectores más desprotegidos, los que no tienen manera de cubrirse frente a este fenómeno. La desgracia extendida de la pobreza, que hace casi uno de cada tres argentinos la sufra, tiene vinculación directa con estos grandes aumentos de precios. El populismo en su apogeo.

Las nuevas generaciones de argentinos, por lo general desconectadas hasta de nuestra historia reciente, no saben del sufrimiento extremo de la hiperinflación - que no te anestesia como la inflación de estos días sino que te mata de desesperación- y tampoco de las bondades de vivir en una economía de baja inflación y de alta previsibilidad. Al no saber ni de una ni de otra cosa se conforman entonces con esa idea de bonanza mentirosa que entrega el convivir con una inflación de 20 o 30% durante años. Esa ha sido la historia de nuestras vidas durante la última década. Por cierto una historia bien difícil de cambiar.

Con sus defectos, que no son pocos, no parece ser Macri el típico político populista dispuesto a hipotecar nuestro futuro en aras del rédito inmediato. Ese rédito que da la inflación, inyectando liquidez y disparando el consumo mientras resiente - y de qué forma- las bases de la economía.

Tomar el camino del largo plazo, no el de la satisfacción inmediata, es el desafío más difícil. Convencer a la gente de que este camino es largo y doloroso pero que al final tiene un premio duradero, una tarea casi imposible. Embarcado en ese derrotero, es de esperar que este presidente, y los que lo sigan, sepan mantener el rumbo contra viento y marea.

La inflación se podrá crear en unos pocos días pero lamentablemente lleva muchísimo tiempo echarla de casa. Los promotores del populismo lo saben, pero no les importa. Es que la inflación es para que la vivan los pobres, no ellos.

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